in

“No todas las ‘venecas’ somos putas en Colombia”

Mi papá salió de Venezuela en el 2013. Meses después había muerto Chávez. Mi papá votó en diciembre de 1998 por él. Estábamos cansados de la corrupción del gobierno de Carlos Andrés Pérez y de Rafael Caldera. Venezuela estaba en el infierno. Ya no soportábamos más a Acción Democrática y a Copei, los dos partidos tradicionales.

Chávez fue una bocanada de aire fresca en la cloaca de la política venezolana y al principio mi familia lo apoyó pero poco a poco fuimos testigos que le quedaba grande la economía. Decían que llevaba las cuentas del país en una libreta que cargaba en su bolsillo. Cuando se murió ya el país colapsaba y su reemplazo terminó por acabarnos. Mi papá tenía una empresa pequeña de calzado. Nos vinimos para Colombia. Teníamos amigos.

Mi papá pudo reanudar su empresa en Bogotá. Yo entré a estudiar en la Javeriana. Nunca tuve problemas por ser venezolana. Me sentí feliz en la Universidad. En redes nadie creía que yo podía ser diferente o ser inferior por haber nacido en Venezuela. Todo cambió desde el 2015, cuando Maduro, en una de sus pésimas decisiones, cerró la frontera.

Las condiciones de mi país se deterioraron terriblemente hasta el punto de que cientos de miles tuvieron que cruzar la frontera. Empezamos a percibir el odio enconado de los colombianos. En redes fuimos presas de persecuciones. Las mujeres, como siempre, llevamos la peor parte. Fuimos carne de cañón. Empezaron a alabar nuestros atributos físicos y después nos convirtieron en mercancía. Decían que podían meternos en un paquete de cinco y darnos unos cuantos pesos para una orgía. Nos trataron de prostitutas. Ahora, hemos reemplazado ‘a las de Barranquilla’ (como lo leí en un grupo de Whatsapp cosa que me parece terrible que se refieran a sus propias mujeres así) en ese ignominioso sitial. Mis amigos me respaldan, nadie se ha metido conmigo, pero me duele que a mis compatriotas no las bajen de perras; no nos bajen de perras.

“Dos venecas por $20 mil”, “La nueva frase de los colombianos en 2030: ‘si no comió veneca, no tuvo infancia’”. Qué coños querrán decir algunos colombianos con esto. ¿No tienen familia? ¿No tienen madres? ¿No saben lo difícil que es salir de su propio país con la maleta al hombro dejando todo lo que conocen y quieren por culpa de un gobierno dictador? No me vine a Colombia a que me digan puta; ni vine a serlo. Es cierto que la situación en mi país es difícil y algunas mujeres se prostituyen como en todo el mundo; es un trabajo; pero no todas las ‘venecas’ (como nos dicen despectivamente) somos putas en Colombia ni buscamos un marido de turno para sacarle los pesos.

Muchas, la gran mayoría, somos gente profesional, emprendedora, brillante, y sí sabemos hacer arepas deliciosas, pero no tenemos “la arepa deliciosa” como dicen algunos colombianos (refiriéndose a la vagina).

Vea tambien:  Así engañan para recolectar firmas en la campaña de Duque en las Gardenias.

Tengan un poco de respeto, consideración y humanidad. Durante años Venezuela recibió cientos de miles de colombianos cuando nosotros eramos una potencia mundial petrolera. En nombre de esos inmigrantes, que fueron familiares de ustedes, tengan un poco de consideración y piedad de nosotros. Estén a la altura del gran país que tienen y que ahora es nuestra casa.

 

tomado de las2orillas

De un tiro Matan a taxista en el barrio Ciudad Modesto

Enfermedades venéreas han aumentado en Barranquilla a causa de las “venecas”